La imagen de hoy dice: Gracias Señor, porque en mi debilidad
tu me fortaleces.
No solo se cansa el cuerpo, también se cansa el alma. Muchas veces en medio de dificultades y problemas, luego de orar por mucho tiempo, servir a Dios con todas nuestras fuerzas, aún pasando diversas pruebas, sentimos que nuestra alma se cansa.
Por momentos, nos cuesta respirar profundamente, hay un peso sobre nosotros que nos hace sentir debilidad, estrés, profundo cansancio, aunque el cuerpo esté descansado.
La única solución es acudir a Dios y buscar esos momentos a solas con Él, volcando a los pies de la cruz todos nuestros problemas, todo lo que nos preocupa y nos entristece.
Luego, en el silencio de su Presencia, recibimos nuevas fuerzas, aliento de vida nuevamente como cuando Dios nos creó; la Palabra Dios dice que una vez que formó al hombre del polvo, sopló aliento de vida y recién en ese momento el hombre fue un ser viviente. Génesis 2:7
Cuando nos sentimos con el alma cansada, necesitamos un nuevo soplo de Dios, pero lo podemos encontrar solamente en su presencia, no lamentándonos, ni murmurando contra otros, ni llorando por los rincones.
Tome la autoridad que Dios le dio por ser su hijo y renuncie al espíritu que causa que su alma ahogue a su espíritu.
Sea fortalecido nuevamente por Jesús que le ama.
Solamente Dios tiene lo que usted necesita para recobrar las fuerzas y seguir adelante.
No tema, Jesús le ama y Él ve lo que usted está pasando, no va a permanecer indiferente a esa situación; Dios ya tiene la salida, reciba paz en su corazón.
Dios le da tiempo para sobreponerse en la situación que le toca vivir, porque lo comprende, pero luego levántese en el nombre de Jesús, con la fuerzas que el Señor le dará.
La Palabra de Dios cuenta en este pasaje, sobre alguien que se encontraba en esta condición; lea en 1 Reyes 19:4-7, esta Palabra se refiere a Elías: 1 Reyes 19:4-7: «Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres.
Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come.
Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse.
Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta».
Jesús lo comprende, le da tiempo para fortalecerse y luego seguir adelante.
Así actúa el amor incondicional de Dios. El único que lo puede comprender es el Señor.
Esta canción le ayudará a entrar en su presencia y entregarle todas sus impotencias, todo aquello por lo que por más que se esfuerce, usted no puede solucionar solo.
Cierre sus ojos, escuche la canción y hable con Jesús, Él siempre tiene tiempo para usted, confíe en Él, porque el Señor lo conoce por nombre y como a Lázaro, le dirá: (su nombre)… Ven fuera!
Dios le bendiga
Susana Goglián
«RESUCITAME»
Aline Barros
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